MI VELERO

Necesito de ti. Del Dios verdadero, del que calienta mis noches tan solo con sentirme, del que me quiere tal y como vine.

El que no exige, el que da aliento, el que está presente, el que hace que mi corazón sea motor de mi cuerpo.

De ese Dios quiero, el que vive en mis adentros, el que me arraiga al suelo, el que se manifiesta a través de las formas, el que me mueve con respeto.

No busco otros guías, ni seguir furiosas corrientes de miedos.

Quiero sentir qué late dentro y darle forma con este cuerpo. Compartir, amar, ser mensajera de bellos conocimientos.

No tengo mayor anhelo que aprender a cuidar mi velero.

Guiame, viejo amigo, sé tú mi consejero. Y que sea a través de esta Tierra a la que yo amo y a la que todo y nada debo.

velero consejero

SERVIR

Hay una gran verdad y es que estamos aquí para ser felices, disfrutar y servirnos los unos a los otros. El otro día, leyendo un libro sobre budismo, encontré un párrafo precioso que me encantaría compartir. Dice así:

“Que yo me convierta en un guía para aquellos que necesiten ser guiados,

en un líder para aquellos que estén entrando en el camino,

en un barco y en un puente para todos aquellos que quieran cruzar el océano.

 Que yo me convierta en un precioso jardín para aquellos que lo estén buscando,

en luz para aquellos que busquen una luz,

en cama para aquellos que estén cansados,

en un sirviente para todo aquel que me quiera como su sirviente”.

No le encontraría sentido a mi vida si no supiera que estoy contribuyendo día a día. Una sonrisa, una caricia, unas cuantas palabras positivas…  A veces creemos que hay que hacer grandes acciones para ayudar a que este mundo respire felicidad y nos olvidamos del gran impacto que tienen los pequeños gestos que tenemos hacia nosotros y hacia los demás. A veces tan solo con ser nosotros mismos, sentirnos bien y actuar con naturalidad, basta para inspirar a otros a hacer lo mismo. ¿Qué pequeño regalo puedes ofrecerle hoy a este gran mundo que nos sostiene?